<A veces quiero ser como el viento que no deja huella… que solo es viento>

Seguramente es una más de esas infinitas rarezas que conforman la complejidad de un servidor, pero tengo la mala costumbre de asociar frases de peliculas y canciones (y canciones enteras) a sentimientos, sensaciones, pensamientos, y momentos de mi vida.

Hace ya bastante tiempo me marcó profundamente esta frase de “La Casa de las Dagas Voladoras” (me gusta el cine chino ¿pasa algo?)… <<El viento que sopla no deja huella, solo es viento… ¿entiendes ahora por qué me hago llamar Viento?>>… y en ocasiones (más de las que me gustaría confesar) me la he apropiado para definir y describir mi estado de ánimo.

Hace algo de tiempo que, a ratos, me siento así… y no se va facilmente.

Estoy en uno de esos momentos en los que la vida se vuelve rara y casi todo el tiempo no entiendes nada… Dos meses esperando a reincorporarme al trabajo y pagando piso y gastos en otra ciudad, para encontrarte más tirao que una colilla a la que no le queda ni el filtro… Volver a casa de mi padre y su pareja (hecho que complica por mil una vuelta a casa de tus padres en plural) y dormir en el sofa y no saber donde meterte a veces (o casi siempre)… Una relación que casi todos los días trae sonrisas y felicidad a mi vida, pero llena de problemas e incógnitas y mucho “quiero y no puedo” (y los días que no trae sonrisas son los peores)…

Si juntamos a eso los bolsillos vacios, y que todo es gasto, gasto, y más gasto (la puta madre de Rajoy y de todos esos inconscientes que lo votaron)… pues es normal que quiera ser Viento… el viento que sopla y no deja huella, y que vaga por doquier.

Pero por muchas vueltas que le dé nunca termino de atreverme a ser Viento… y de verdad que lo intento pero me falta valor. Supongo que me pasa porque por mucho que pase siempre guardo esperanza de que todo vaya a mejor, y que deje de querer ser viento para convertirme en una roca inamovible en tu regazo.

Pero bueno… como dice Nedd Stark “En este mundo solo hay una cosa segura: el invierno. Puede que nos maten, sí, pero ¿y si vencemos?”

<Habrá que intentarlo, y si no siempre hay tiempo de convertirse en viento…>