<Dos locos y un majara dando tumbos por la sierra de Cazorla>

Esta entrada llega un poco tarde… pero al fin llegó. Semanas y semanas cogiendo polvo en mi carpeta de borradores, incompleta, descafeinada, abandonada… hasta ahora.

Lo cierto es que me siento en la silla de mi ordenador, balcón hiperespacial que me lleva a este universo particular que es mi pequeño blog, con intención y ganas de contar otras cosas más intensas y recientes… pero mi mamá me decía cuando era un pipiolo que no esta bien dejarse cosas en el tintero, que guardar historias inacabadas en el fondo del cajón no es siempre la mejor opción (aunque siempre haya tiempo para rescatarlas).

Un viaje para desconectar, para alejarse de la aburrida normalidad del mundo y para disfrutar… un viaje como los que a mi me gustan, un tanto improvisados, con dos prórrogas y casi penaltys. Un viaje que iba a ser de tres noches, que primero se convirtieron en cinco, que a su vez se convirtieron en seis con un día más, casi en el tiempo de descuento, en Cazorla pueblo.

Un viaje que no me llevó, como en otras ocasiones, a miles de kilometros de casa… pero que en buena compañía y dejandonos llevar un poco por el viento, tuvo incontables momentos buenos y unas cuantas sorpresas.

Baños en pozas y saltos sobre cascadas, paseos por rios descalzos cuando todo el mundo (y digo TODOS) llevaban tecnología punta en zapatillas y chanclas fluviales, rutas de más de ocho horas con comida y baño en una laguna de montaña (aunque a mi compañero de viajes le diera pánico), noches (todas ellas) de cerveza + tinto = borrachera = me cuesta levantarme al día siguiente, cafelito en el hornillo, darle de comer de la mano a un zorro, “la Serenissima” de Juan Carlos Aragon a toda pastilla por las carreteras de montaña, romerías esquívas que se nos escapan de las manos… y mil y una locuras para recordar y contar, retratadas en fotos y videos que a veces sacan sonrisas y otras me sacan los colores.

Y de este viaje también he aprendido o reafirmado algunas verdades universales —>

1. Viajar con tu mejor amigo (y con un peluche un tanto inatractivo pero con mucho arte) siempre va a salir bien.

2. Las tias de los pueblos de la Sierra de Cazorla (haciendo incapié en que me refiero a la SIERRA) no son de fiar.

3. No te puedes imaginar la serie de acontecimientos que se pueden desencadenar a partir de algo tan insignificante como “mangonear” por accidente un mechero. ^^

Espero y deseo, desde lo más profundo de este motorcillo que tengo encerrado en el pecho, que haya muchos más viajes como este.

<mascheratto di nostra locura…>