cadi

<Historia de una visión carnavalera…>

No había sido un típico jueves de carnaval… había sido raro, a ratos rayante, divertido, completo, tremendamente carnavalero… y bañado en grandes cantidades de alcohol de diversos tipos.

Mi fiel amigo y yo cruzabamos las laberínticas calles del casco histórico dispuestos a poner fin a una fantástica noche, comentando una tras otra las anecdotas sucedidas en las horas anteriores, pensando hasta que punto habiamos podido pasarnos con unas amigas que ciertamente aguantaron mucho cachondeo.

Bajando una de las pocas cuestas de Cádiz y acercándonos a nuestro destino, una fuerza que agarraba de mi brazo me frenó en seco, y mi amigo paró conmigo en un cruce de calles. Puede que fueran los efectos de una imposible mezcla de bebidas que latían en cada una de las venas y arterias de mi cuerpo, o puede que fuera el efecto secundario de una incipiente carnavalitis aguda, o puede que una combinación de ambas cosas… pero ante mi y agarrando mi brazo tuve la visión de lo que no podía ser más que un angel carnavalero, cabello color de ala de cuervo, facciones finas como el cristal y unos ojos penetrantes achispados por, al igual que yo, haber ingerido algo de alcohol de más.

“Espera, espera cariño” me dijo con voz dulce, y tras ello nos pidió que indicaramos a ella y a su amiga como podían alcanzar un misterioso pub oculto entre los callejones gaditanos.

Mi amigo, al que calificaron como personaje con cara de mafioso (jajaja), las llevó calle arriba y les indicó el camino a seguir. Mientras tanto, yo me dejaba llevar por la presa del brazo de mi angel carnavalero.

Al fin, la amiga de mi angel pareció reconocer el camino, y ambas se fueron en la dirección indicada… y cuando las puntas de nuestros dedos se separaron en un último esfuerzo por mantener el contacto, una chispa de eléctrica magia saltó marcando el lugar para siempre.

¿Qué habría sido si hubieramos acompañado a mi angel hasta su destino?… eso nunca lo sabré… pero al menos queda grabada en mi mente la visión que tuve un extraño jueves de carnaval, ya de recogida y a punto de nacer un nuevo día… se me apareció un angel carnavalero.

angel

<y una chispa de eléctrica magia saltó marcando el lugar para siempre>