highway

<Volar sin alas… a cualquier destino>

Tenía una cita en su bar favorito. Nada serio, solo unas refrescantes cervezas con sus amigos, así que como siempre iba un poco retrasado. Al salir de la ducha se vistió volando, vaqueros, camiseta de manga larga, una palestina de color vivo (el inverno ya es suficiente gris), y guantes de lana (uno de cada color) con los dedos cortados, y bajó al salón cuando se dió cuenta de que algo fallaba: Ninguno de los dos llaveros que enganchaban las llaves de los dos coches se encontraban en el cenicero de siempre. Su padre y su hermano se la habían jugado de nuevo y se había quedado sin transporte.

Salió a la calle y sintió sobre su cara el gélido viento del norte que congelaba incluso sus siempre templadas orejas, y volvió al cálido interior. Pensó un instante, y decidido recogió sus cosas y bajó hasta el garage. Allí descansaba la moto de su padre, que se encontraba dormida y en silencio desde que desaparecieron las cálidas jornadas de primeros de otoño.

Se caló la viva palestina dando una vuelta más sobre su cuello, se embutió en la pesada cazadora de motero con refuerzos que le hacía sentirse rígido como un playmobil, y sin quitarse los guantes de lana cortados se colocó los gruesos guantes de cuero con acolchados en los nudillos (él ya sabía las consecuencias de una caida, así que todo refuerzo era necesario). Por último, se introdujo en el casco, negro como el ébano, que destrozaba irresistiblemente su cuidado peinado “despeinado” y aplastaba la graciosa cresta que lo caracterizaba. Daba igual… iba a hacerlo.

Sacó la moto del frio garage y salió a las heladas calles, notando como, a pesar de la cantidad de abrigo que llevaba puesto, el frio se colaba por cada resquicio a medida que aceleraba. Dolía, pero le gustaba la sensación.

Recuerdos de finales de adolescencia y principios de juventud acudieron a su mente, cuando un scooter era el único del que disponía para evitar el molesto autobus. Había sufrido casi todas las inclemencias con las que el tiempo puede maldecir: frio, lluvia, granizo, peligrosos vientos de costado, niebla… Ese dia solo hacía frio, más del que recordaba haber sufrido nunca, y bastante humedad, ademas del gélido viento del norte que se colaba por debajo de sus protecciones.

Mientras avanzaba y tomaba velocidad se levantó la visera del casco, que se empañaba y dificultaba su visión, y entonces toda la fuerza del helado viento y la humedad golpearon en un constante torrente su rostro. Sonrió.

Minutos despues, con una larga recta a su vanguardia y el camino despejado, giró el puño de acelerar al máximo y se dejo llevar. Sintió como la moto vibraba y noto la diferencia de potencia respecto al viejo scooter que conducia hace muchos años ya. Nos hacemos mayores y cabalgamos sobre motos de mayores, mucha más potencia aunque dudaba que más responsabilidad. El viento que golpeba su rostro arrancó frias lagrimas de sus ojos, y fue reconfortante. No compensaban las lagrimas que, a pesar de desearlo en muchas ocasiones, no conseguía que salieran… un día había aprendido a llorar hacia adentro, y cuando se dio cuenta de que no era sano ya no podía revertir el proceso (aunque lo había intentado). Las lagrimas que derramaba a causa del viento golpeando sus ojos eran de cocodrilo, una simple reacción al estímulo del viento taladrando sus globos oculares… pero aún así desahogaban, un poco.

Sentía la adrenalina al tumbar en cada curva, la emoción cuando rebasaba a un coche u otras motos, el aumento de humedad y el olor a sal al atravesar el puente que unía ambas orillas de la bahía…

Durante diez kilometros voló sin alas… cabalgó un corcel de metal sobre el negro asfalto… podría ir a donde quisiera.

Y cuando al fin llegó a su bar y encontró a sus amigos… como hacía siempre últimamente, se guardaba sus emociones para sí.

<¿Where is the Highway to Hell?>