<Aquí piloto llamando a Tierra, pido pista para aterrizar…>

Tiempo hace que mi nave despegó… rumbo fijo y firme a cualquier parte (a esa cualquier parte que nos corresponde a cada uno)… pero con una ruta segura y tranquila (o no tan tranquila) a su misterioso destino.

Pero un estridente sonido de alarmas me despertó una mañana (o quien sabe si fue una tarde)… un campo de asterorides, turbulencias, la nave dañada, el rumbo perdido… y enmedio de ninguna parte.

La única solución: Un largo tiempo en órbita alrededor de una roca espacial vagando alrededor de un sol desconocido, reparaciones de los daños en el casco y los motores, trazar un nuevo rumbo (para hacerlo primero hay que encontrarse), y rezar a un dios que no sabemos si existe por que no hayamos errado alguno de los pasos anteriores y que todo salga bien cuando vuelves a pulsar “ignición”.

¿Me da miedo pulsar el dichoso botón?… ya es hora de hacerlo.

Mi mil veces golpeada nave está a punto, y pronto volverá a cortar el viento espacial (hay tantos planetas que visitar)…

“Erase una vez un hombre que no creía en el amor… pero con el tiempo volvió a creer (y lo echaba de menos)… y solo le quedaba encontrarlo”.

<Mientras… que me lleve el piloto automático>